25 de octubre de 2013

Derriba el muro {17} Maratón.

Capítulo 17.
▪Justin POV

Escuche cada palabra qué salía por su boca, y me di cuenta de qué la había cagado. La gente tenía razón, ella algún recordaría toda su vida, y en ella no estaba yo a excepto unos meses. ¿Y ahora qué haría? Yo me había enamorado de ella, sí, el chico malo, el criminal…estaba enamorado. Y para peor aún, de la hija de su contrincante.

—Solo sé qué él para mí, ya no existe.

Sus palabras entraron por mis oídos como huracanes llegando hasta mi corazón y destruyéndolo.

—No puede dejar de existir de un día para otro, Brenda. —Hablo Ryan.
—¡Sí, sí puede! —Sollozó— ¡Estoy harta!
—Lo siento… —Conseguí decir. Todos, menos Ryan qué conducía, voltearon a verme.

Genial, Justin, muy bien. Se suponía qué no tenías qué hablar cabeza de chorlito, tú solo salvar y mirar, ¡idiota!

—No me lo puedo creer… —Ella negó con su cabeza— Lo trajisteis. —Miro a Chaz.
—Lo siento, Bren, él quería ver si estabas bien...
—¿Y qué le importaba?
—Mucho. —Me quite la media.
—Cállate la boca.
—Cállame tú.
—Muérete.

Eso fue como una bala directa al corazón. No me podía creer como todo había dado la vuelta, una vuelta tan brusca.

—Por cierto, hemos “roto”. —Hizo comillas en aire.
—Por favor, Brenda, escúchame.
—No, no escucho a gente mentirosa sin corazón. —Ella se cruzo de brazos.
—Hemos llegado. —Dijo Ryan.
—Ahora vamos. —Dije.
—No me quedaré contigo a solas.
—Brenda cállate, y escúchame.
—Te va a escuchar tu puta almohada, gilipollas. —Ella dijo para salir del coche dando un portazo.
—Mierda… —Susurre mientras pasaba las manos por mi cara.

Acababa de joderlo, bien jodido. Yo estaba enamorado de ella, ¿pero ella de mí? Además, yo sabía donde ella encontraría en consuelo ahora. Lo tenía claro, y no podía dejar qué ella se hiciese daño.
Salí del coche a toda prisa, mientras entraba al internado, empujando a todo el qué se metiese en mi camino. Llegue a su cuarto, la escuche gruñir. Hice bien tirando todo ese arsenal de cuchillas y navajas. Ella abrió la puerta, casi cayendo encima de mí.

—¿Qué hay? —Le sonreí a medias.
—A parta Bieber. —Ouh, eso dolió.
—Sé qué vas a hacer. —Ella se tenso— Te diré un secreto… —Me acerque a su oído— Todas tus cuchillas están en la basura. —Susurre.
—Serás… —Ella se aparto— ¡Eres un idiota, un gilipollas, vete a la mierda! —Intento darme golpes, mas yo sabía qué eso no me haría daño.
—Bueno. —La cogí de las muñecas, mire su rostro, empapado de lágrimas— ¿Puedes escucharme?
—No. —Intento liberarse.
—Lo tomaré como un sí. —Le sonreí— Sé qué te mentí, qué hice mal, pero…

Ella empezó a cantar ‘lalala’ mientras hacía qué no me oía.

—¿Puedes dejar de comportarte como una niña pequeña?
—¿Puedes dejar de ser un capullo?

Ella se soltó y se fue de mi lado, dejándome solo, en mitad del pasillo. Veía como ella se alejaba. Como la estaba perdiendo poco a poco. Comencé a golpear de rabia todo lo qué se metía en mi camino. Gritaba y lloraba…¿qué demonios me hiciste, Brenda? ¿Por qué me enamoraste sin yo pedirlo?
Necesitaba descargarme, necesitaba liberar todos estos demonios qué me carcomían.

▪Brenda POV

Realmente, todo era una asquerosa mierda. ¿Yo estaba enamorada de Justin? Ni idea. Lo qué sé es qué compartí con él casi dos meses de novios falsos, en los cuales él me cuido, me beso, me abrazo, me trato como una princesa, incluso me deje ir a la cama con él y qué me hiciese suya. Yo eso lo veo como un simple plan para acostarse conmigo, era lo más seguro, ya lo consiguió, ¿qué más quería de mí? Aunque la escenita qué monto al verme con James fue para un Oscar. Se veía realmente furioso y celoso. ¿Pero eso qué más da, Brenda? ¡Él no te gusta, te utilizo! Y de nuevo, mis ojos estaban empapados.

—Ey… —Oí decir delante de mí.

Levante a vista. James. Él me observo detenidamente y me abrazo. Era lo qué necesitaba, un jodido abrazo.

—Ya, Bren, todo estará bien… —Me susurro al oído mientras lloraba en su hombro, él acariciaba mi cabello, yo solo sollozaba.
—Me mintió… —Lloriqueé.
—¿Qué tal si te calmas y me cuentas qué ocurre?
—Va-vale. —Le mire, y él me seco las lágrimas.

Bajamos en silencio hasta el campus, ahí había un árbol donde podríamos sentarnos debajo de él. Era un lugar cálido y agradable. Me recordaba al de mi casa, donde muchas veces me quedaba para no entrar a casa mientras mi padre estaba borracho.

—¿Entonces? —Me miro.
—Justin… —Me apoye en su hombro y suspire, intentando retener las lágrimas— Él no era mi novio, todo era mentira. Solo quería utilizarme hasta llevarme a su cama. Ya lo consiguió, ¿qué más quiere de mí? Gracias a mi pérdida de memoria, él se beneficio. —Dije rápido, en un hilo de voz. Sabía qué en cualquier momento rompería en llanto.
—Maldito Bieber. —Gruño.
—Me quiero ir de aquí…todo me sale mal, la gente me miente, me utiliza…no puedo con mi vida, James, no puedo…
—Brenda, ¿te estás oyendo? —Me miro— Todo lo qué dices puede qué sea verdad, o no. Pero yo no te utilizo, ni te miento. Debes vivir, tienes ese derecho, eres una chica increíble y no deberías dejarte caer por esto.
—Pero…
—Nada. —Me corto— Sabes qué me tienes aquí para todo.
—Gracias, eres un gran hermano. —Le abracé.
—Y tú una hermana perfecta.

Lunes 17 de noviembre 2012; 14:34

Los días pasaban y yo seguía extremadamente hundida en mis pensamientos. Hoy, los Beadles habían llegado a la escuela, eso quiere decir qué veré a Caitlin. Corrí a mi cuarto y deje todas mi cosas, pero, como todos los días desde el viernes, Justin estaba ahí, de pie como una estatua. Nunca salía de mi cuarto, o eso parecía. Aunque el otro día cuando le vi, el viernes, su ojo estaba morado y tenía el labio roto. Me preocupe, ¿pero qué más me daba a mí qué le paso?
Como siempre, intente salir de mi habitación, sin suerte, Justin agarraba mi brazo y me ponía delante de él.

—Hablemos, por favor. —Su voz cada día era más apagada.
—No seas pesado. Llevas días aquí, ¿no piensas salir?
—He salido.
—¿Y por qué cada  vez que vengo te veo aquí?
—Vuelvo.
—Hagamos un trato. —En su cara se alargo una sonrisa— Tú me dejas en paz, pero seremos amigos, nada más, solo eso. —Suspire con pesadez, en la qué me estoy metiendo.
—Te enamoraré.
—Como digas. Ahora, me voy.
—¿A dónde?
—Vienen los Beadles.
—Ah, verdad. ¿Puedo ir contigo?
—Lo que quieras. —rodé los ojos.

Empezamos a caminar en silencio, ante la atenta mirada del internado. Todos sabían qué Justin y yo ya no estábamos juntos. Muchas de las plásticas se le lanzaron, pero él las rechazaba. Una tras otra. Oía el murmullo de la gente, todos con el mismo tema y yo me sentía realmente incomoda. Al llegar a la entrada del centro, vi a los Beadles. Salí corriendo a abrazarlos, como si de una loca se tratase.

—¡Cait, Chris! —Grite abrazándolos.
—¡Brenda! —Dijeron al unísono.
—Qué bien qué llegaron.
—Y tanto, no podía esperar. —Dijo Cait.
—Espera, quiero qué te quedes en mi cuarto. —Hice un puchero— Pero está Jazmin. —Gruñí.
—Eso lo podemos hablar con alguien, Bren.
—Simplemente genial. —Sonreí.

Mire a donde estaba Christian, estaba riendo como un poseso con Justin. Sonreí al verle a él, a Bieber, sonreír. Hacía días qué no le veía tan contento. Y en esos días, me di cuenta de qué estaba loca por él, pero no podíamos estar juntos. No ahora qué él y yo habíamos “roto” por su mentira.

—¿Qué piensas? —Me preguntó Caitlin.
—Tenemos qué hablar, han pasado tantas cosas. —La mire.
—Cuenta, cuenta. —Su interés se notaría a kilómetros.
—Justin y yo terminamos.
—¿Qué, qué? Es decir, ustedes se veían tan bien juntos, jodidamente adorables. ¿Qué paso?
—Me mintió. Él no era quien decía ser.
—No entiendo.
—Antes de mi accidente, él me trataba como la mierda. Y después del accidente me utilizo.
—Lo dices con canta naturalidad, qué me da miedo.
—Boba. —Reí— Y, bueno, ahora somos algo así como amigos.
—Aun así le amas.
—Calla. —Me sonroje.
—Y él a ti.
—¿Quién es él? —Preguntó Christian.
—Nada, no te metas, vete con tu amiguito. —Le dijo Cait.
—Ay, qué humor de mierda tienes hoy, querida hermanita.
—No peleas, por favor os lo pido. —Pedí.
—Como sea.

—Cait, eres tan bipolar. —Me reí.
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VAS HAPPENIN!
No he encontrado el pendrive, pero recordé que en mi portátil tenía la novela. Lo que pasa que no suelo subir desde él porque va muy slow y me frustro.
Después, que he subido de lo feliz que estoy. Primero por mi canadiense, con su promo de Believe3D y Music Mondays, aaaaaaaaaaaaaaaay, soy tan feliz. ¡Encima he escuchado "Story Of My Life"! ¿¡Saben lo perfecta que es la canción!? ¡Ni se imaginan!
*Leila muriendo de un heart attack*
JAJAJAJA, en fin, les dejo un maratónde TRES CAPÍTULOS.
Iba a poner cuatro, pero leí los capítulos y me di cuenta que hacía les dejaba más intriga.
Quedan mm... 30-17= *haciendo calculos* Bueno, pues algo así de trece, ¿no? No sé, no me gustan las mates JAJAJA.
Acabo de retocar el penúltimo capítulo, es el más bonito de todos, lo amé*-*
Espero subirlo pronto.
En fin, que las amoooooo<3

Derriba el muro {16} Maratón.

Jueves 13 de noviembre 2012; 12:39

Estábamos en clase de matemáticas, yo entendía todo perfectamente, pero Abby estaba con cara de ‘¿Qué me estás contando, loco?’. Yo la mire y me reí.

–¿No entiendes? –Le pregunte.
–¿La verdad? No.
–Eres tan idiota. –Reí.
–¿Pasa algo señoritas? –Nos dijo la profesora.
–No, es qué Brenda no entendía el problema. –Explico. La mire mal.
–¿Es eso cierto?
–Sí, profesora. –Mire a mi cuaderno.
–Está bien.

Mire a Abby y le pegue una patada por debajo de la mesa.

▪Justin POV

–Ryan, yo…sinceramente, no puedo más, quiero dejarlo.
–¿Dejar qué?
–Dangerous…
–¿Qué? –Me miro sorprendido– ¿Y cómo piensa dejarlo? Además, ¿por qué?
–Pues dejándolo. –Dije obvio– Lo dejaré por Brenda, no quiero qué le pase nada.
–¿Qué podría pasarle si nuestro enemigo es su padre?
–Podría separarla de mí y jamás me lo perdonaría.
–Con qué…enamorado, eh. –Me dijo Nick.
–Por favor, cállate. –Le mire mal.

Dicho eso, me levanté y salí del almacén. Ya había perdido dos horas de clase y debía volver. Quería ver a Brenda. Así qué subí a mi coche y tome rumbo al internado. Al llegar me estacione y entre con precaución de qué no me vieran. Ahora eran la una y algo. La clase qué me tocaba ahora acababa de comenzar, así qué, con mi maleta a hombros, entre corriendo a la clase. La profesora me observo y suspiro.

–Pase. –Me dijo.
–Eso pensaba hacer. –Dije sonriéndole.
–Cállese. –Mando silencio y siguió explicando.

Busque con la mirada a mi novia…bueno mi “novia”. Aunque ella era mía, yo la había hecho mía ayer. Me senté a su lado y le sonreí. Ella ya se ha dado cuenta de qué odio este lugar, qué suelo faltar y qué no estudio nada. Observe como ella tomaba apuntes. Yo jugaba con sus pulseras, las cuales tapaban algunos cortes qué aun no habían desaparecido de su piel. ¿Saben qué es lo bueno? Conseguí qué ella dejase de cortarse. Un gran logro para mí, eso me hacía feliz. Así sabía qué su vida seguiría su camino y no terminaría en cualquier momento por un mal corte en sus muñecas.

–¿Dónde estabas? –Me preguntó ella en un susurro.
–Con Ryan afuera fumando. –Le mentí.
–Odio qué fumes. –Dijo con asco.
–Lo siento, princesa. –Hice una mueca de ‘perdón’.

Al terminar la última clase, salí tomado de la mano con Brenda. Odiaba qué Claire, Jazmín, Allison o cualquier chica con la qué me he acostado, la mirasen mal. Era algo qué no soportaba. ¿Ellas no entendían qué no quiero ya nada más con putas así? ¿Se los debía explicar?

–Justin. –Me llamo Brenda.
–Dime, amor. –La mire.
–Iré al baño, espérame. –Beso mis labios cortamente.

Justo cuando ella estaba volteando para ir al baño, yo la tome de la mano y le di vuelta. Ella se sorprendió en cuanto puse mis manos en su cintura y la acerque más a mí. Hasta romper todas las distancias entre ella y yo, besándola desesperado por sus labios. Tenía una mala sensación, y solo se me ocurrió besarla, como si ella se fuera para siempre y necesitase recordar sus labios, su sabor…

–Está bien, ya puedes ir. –Le dije.
–Ni qué me mandases, ts. –Me dijo ella haciéndose la ofendida.
–Vamos, nena. –Reí– No estás enfadada, lo sé.
–Ya, vale. –Rió– Vuelvo en nada. –Sonrió.

Y la vi desaparecer en la puerta del servicio de mujeres. Recordando su sonrisa, la cual era tan perfecta como ella. Esa sonrisa qué, cuando ella llego a este internado nunca vi. Tampoco es qué en ese momento me importará, pero nunca la vi sonreír y qué pareciese feliz. Sinceramente.

–Justin, no entiendo como andas con ella. –Oí una voz chillona, bastante molesta.
–Cierto, lindo, nos tienes a nosotras siempre ¿y la elegiste a ella?
–Claire, Jazmin, sois unas guarras, unas putas, y yo no necesito de eso ahora. –Le deje claro.
–Antes sí, ¿cierto? –Dijo Jazmin acercándose a mí– Esos días en los qué tú y yo…éramos uno solo. –Dijo con voz sensual, cosa qué me provoco. Sí, me provoco ganas de vomitar.
–Cállate, perra. –Le dije– Sé qué insultaste a Brenda, sé qué la arañaste. Y ahora tú debes saber –la mire– qué te equivocaste en tocar a mi chica. –Reí sin humor– Ella ya no es débil, ella es fuerte.
–¿Acaso perder la memoria la hizo mejor, o qué? ¿Acaso perdió la memoria y pudiste tirártela? –Dijo Claire.
–Puede qué sí, puede qué no. ¿Quién sabe? –Le vacile.
–O quizás…¿ella no recuerda quién eres de verdad?
–Cállate y vete. –Le dije con rabia, me había pillado.
–Lo qué imaginaba. –Carcajeo como las brujas de los cuentos, si las brujas esas malas.

Habían pasado diez minutos y Brenda no salía del baño. Me comencé a preocupar. Así qué me acerque al baño y toque la puerta. Pero nadie respondió. Entre y revise cada esquina, cada servicio del baño. Ahí ella no estaba. ¿En…en qué momento salió? Mire el mármol donde están los grifos, había un móvil y un papel bajo este. Los tome, era el móvil de ella.

“Querido Bieber, ¿cómo estamos? Espero qué ahora estés hecho una rabia, me he llevado a tu chica. A mi hija. Solo quiero qué la olvides, no sabrás nada más de ella. No pienses qué es un secuestro, recuerda qué soy su padre.”

El miedo, la rabia, la impotencia…todo tipo de sentimientos me recorrieron. Se la llevaron de mi lado, acabo de perderla. Perdí a la chica de la qué me enamoré. Perdí mi vida, perdí mi amor. ¿Por qué? ¿Por qué cuando quiero hacer las cosas bien…me salen como la mierda?
Corrí por los pasillos hasta llegar a mi cuarto. Abrí la puerta de mi habitación, y ahí estaba Ryan.

–Se la llevo, Ryan…él se llevo a Brenda.
–¿Qué? ¿Quién? –Se levanto mirándome.
–Maslow, su padre, él. La secuestro. –Dije, estaba a punto de llorar. Y eso era algo poco común en mí, menos por una chica. Jamás lloré por una chica.
–No me digas qué vas a llorar…Nunca lo hiciste, excepto por tus hermanos.
–Ryan, yo la amo, de verdad. –Dije roto.

▪Brenda POV

Salí del lugar donde estaban los inodoros, me mire en el espejo y retoque mi cabello. Vi pasar una figura a mi lado, pero no hice caso, sería cualquier chica. Me seguí retocando un poco, y estaba a punto de salir cuando oí unos pasos detrás de mí.

–Brenda, hija mía…me alegra tanto verte. –Era él, era Max.
–¿Qué haces aquí? ¡Es el baño de mujeres! –Le grite.
–Cállate. –Me ordeno.
–Lo qué sea, ¿qué quieres?
–A ti lejos de Bieber.
–No, me niego.
–Hija, compréndeme.
–No soy tu hija. –Iba a salir ya del baño.
–Chicos. –Max hizo una seña y grito bien fuerte. Dos chicos entraron al baño y me tomaron de los brazos.
–¡Suéltenme! –Grite mientras forcejeaba– ¡Socorro!
–Tápenle la boca, por favor. –Dijo mi pa…Max.                          
–¿En serio? –Dije antes, bastante rápido, porque me habían tapado la boca con un pañuelo. Solo pude emitir pequeños gemidos molestos.
–No hagas esto más difícil, Brenda. –Suspiro Max.

Salimos del baño, yo forcejeaba. Pero nadie nos vio. Solo vi a Jazmin y Claire hablando con Justin.  Ellos estaban muy pegados, y…¿qué debía pensar yo?

-Retrasado, no te conviene acercarte a mí.
-No te pases, ¡nadie me habla así!
-Pues ese nadie soy yo, ¿vale?
-No te pases niñata.
-¿Por qué no te mueres?
-Porque hoy quede para follar, así qué no quiero.
-¿A mí qué me cuentas con quién follas o no?

Un pequeño recuerdo vino a mi cabeza. ¿Eso cuándo había pasado? ¿Cuándo él me había tratado así y yo a él? ¿Cuándo demonios Justin y yo nos llevábamos mal? Un pequeño mareo me apodero, y desde ahí, no recordé nada.

[…]

Una pequeña luz invadió mi vista, mire a los lados y no vi más qué mi cuarto. Mis muñecas estaban aun en la cómoda, junto algunas fotos con mis amigos de aquí. Seguí mirando, las paredes seguían del color turquesa qué siempre había estado. Mi armario lleno de posters de artistas, mi escritorio lleno de lapiceras y cuadernos, mi mochila del colegio…Estaba asombrada, ya que de repente me acorde de todo eso. Me levante de la cama, en la cual había pertenecido todo el tiempo. La manta de las princesas Disney aun estaba doblada a los pies de la cama, era increíble. Creo que este cuarto seguía tal y como lo deje.
Mire a trabes de la ventana, comprobando el paisaje. Seguía siendo tan cálido como siempre. Aquel lugar, esa pequeña ciudad de Canadá donde yo había vivido casi la mayoría de mi infancia, era acogedor. Por primera vez en unos meses me sentí…¿feliz? El simple hecho de estar de nuevo en mi casa, no sé, me hizo sentir bien, pero el miedo seguía presente. ¿Y si Max entraba por esa puerta y me golpeaba? ¿Qué haría yo? ¿Acudir a la cuchilla? ¿A las pastillas? ¿Qué sería de mí?
Pequeños golpes se oyeron en la puerta, con miedo, me acerque a esta.

–¿Sí? –Pregunte con temor.
–Bren, soy papá. –Su voz parecía tranquila.
–¿Qué quieres? –Le pregunte de mala gana.
–Solo me preguntaba si tendrías hambre.
–No, no tengo. –Suspire con odio– Me has secuestrado. –Dije al fin.
–Tómatelo como quieras, hija. Estas en casa, a salvo y yo soy tu padre. A mí eso no me parece un secuestro.
–¿A salvo de qué? –Escupí con rabia.
–De Justin Bieber.
–¿A salvo de mi novio? –Pregunte casi en un grito– ¡Él no me trata mal, ni nunca lo ha hecho! ¿Qué tienes en su contra?
–Pobre hija mía. –Rodé los ojos– ¿No recuerdas nada de él, cierto?
–Sí, recuerdo qué… –Me quede callada. Solo recordaba una cosa, y era como un maltrato.
–Me lo imaginaba. –Rió él– Piensa un poco, y verás como descubres quién es de verdad y como te trato.

Poco después oí pasos alejándose.
¿Qué quiso decir con eso?
Me senté en la cama, mirando a la nada. Sentí pequeñas punzadas en el corazón. No sé en qué momento ocurrió, yo estaba llorando a mares. Y no lo entendí. ¿Qué…qué pasaba? Una imagen tras otra. Cada recuerdo de mi vida se incorporo en mi mente. Nueva York, trabajo de papá, golpes, mamá, bullying, internado, Justin molestándome, Justin jodiéndome, Justin insultándome…¿Qué era todo esto? ¿Acabo de recordar todo? Me hundí en un llanto profundo. ¿Por qué me mintió? ¿Por qué? ¿Por qué le di mi virginidad? ¿Por qué le daba mis besos? ¿Por qué confiaba en él? ¿Por qué le amaba de esta forma?
No podía, sentía como qué mi mundo se apagaba, sentía qué todo se iba a la mierda. Y eso deseaba, no quería nada más en este maldito mundo donde todos me mentían. Una pequeña música, me hizo salir de mis pensamientos de desaparecer. Era una cancioncilla qué parecía reconocer. Me moví un poco, intentando averiguar de dónde venía. Cuando lo descubrí, vi qué era un móvil. Era mi antiguo móvil, el qué tuve hace unos años. Lo tome en mano. El pitaba advirtiendo de qué le quedaba poca batería. Me sorprendió qué no estuviese roto, o apagado. Digo, después de tanto tiempo.
Lo conecte enseguida y comencé a marcar un número. Espere a qué me contestará.

–¿Sí? –Respondieron.
–Yo…ayúdame, por favor. –Dije sollozando.
–¿Brenda? –Dijo él.
–Sí, soy yo. –Dije– Ayúdame, Chaz, por lo que más te pido. –Me estaba agobiando de tanto llorar, el aire me faltaba.
–¿Qué paso? ¿Dónde estás?
–Mi…mi padre. –Mire la puerta– Él m-me secuestro.
–¿Qué, qué? –Dijo rabioso.
–Ayúdame. –Dije en puro llanto.
–Buscaré a Ryan y Justin, dime dónde estás…
-¡No! –Grite– No quiero saber nada de Justin, jamás. –Llore más recordando.
–¿Qué? –Note como él quizás movió su cabeza– Da igual, ¿dónde estás?
–Es-estoy… –Respire hondo y le di mi dirección.
–Está bien, no salgas de tu cuarto.
–Cla… –No pude acabar de hablar, la puerta de mi habitación sonó.

Del nerviosismo, tiré el móvil, más bien resbalo. Cayendo no sé dónde.

–¿Brenda? –Oí.
–Emh…¿sí? –Dije tratando de parecer normal.
–Abre, te traigo algo de comer. Sé qué te gusta este helado de frutas del bosque. –Dijo.
–Está…está bien. –Me acerque a la puerta. Abrí, y ahí estaba él con una sonrisa– Gracias, supongo.
–De nada, hija.
–Ya…ya puedes irte.
–Mira, Brenda –suspiro– sé qué todo lo qué hice estuvo muy feo, pero…no sé, el trabajo me estresaba y yo no podía con ello, y de alguna manera la pague con…
–Cállate, por favor, sal de mi habitación. –Le empuje, cerrando la puerta en su cara y con llave.

Me tumbe en la cama y encendí la televisión. Comí mi helado tranquilamente. Bueno, no tan tranquila.
Después de unos veinte minutos, la puerta de abajo se abrió y cerró. Me asome a la ventana y vi como mi padre arrancaba su coche. Él se estaba yendo. Mire a los lados, comprobando todo, hasta qué vi a dos…no, tres chicos con…¿medias en la cabeza? Esperen. ¡Maldita sea! Ese es Chaz con Ryan, aunque el otro no le distingo su media es más oscura. Abrí la ventana y los mire expectante.

–¿Saben? –Le pregunte calmadamente sabiendo qué mi padre no se encontraba aquí– Se ven realmente sexys así. –Carcajeé.
–¡Jesús! –Exclamo Ryan– ¿Estás bien?
–Bueno, supongo que sí. –Intente sonreír.
–Hazte a un lado. –Ordeno Chaz.

Así hice, me eche unos siete pasos hacia atrás. Vi como, uno por uno, fueron pasando por la ventana de mi habitación. Enseguida me vi envuelta en un abrazo colectivo, menos por el chico número tres.

–Me alegra tanto verte. –Comento Chaz apretujándome.
–No pensé que mi secuestro durará menos de un día. –Mencione algo divertida.
–Anda, vamos. –Me dijo él.
–Está bien. –Dije mientras intente abrir la puerta de mi habitación, lo cual no tuvo éxito– Será cabrón… –Susurré.
–¿Qué?
–Él cerró con llave desde afuera.
–Mierda. Saldremos por la ventana. –Dijo Ryan, yo reí– ¿Qué tiene de gracioso eso, Bren?
–Qué no saldré por ahí.
–¡Claro qué lo harás! –De un momento a otro me vi envuelta por la cintura con los brazos de Ryan, me cargo en su hombro y se acerco a la ventana.
–Estás loco, Butler… ¡Loco! –Le grite.

Él salto por la ventana, y yo pegue un grito qué seguro oyeron en la Luna y en Marte. Pero, me vi en perfecto estado en cuanto llegamos al suelo. Él me soltó y yo le di en la cabeza.

–Idiota.
–Auch, eso dolió, Brenda. –Se sobo la parte de la cabeza donde le había golpeado.
–¿Estamos todos? –Dijo Chaz.
–Supongo. –Me eleve de hombros.

Subimos al coche, yo fui detrás, junto al chico misterioso. Le mire y le pille observándome, en seguida quito su mirada de mí. Chaz parecía nervioso, no paraba de dar golpes en el coche.

–Para, Chaz. –Reí.
–Lo siento. –Él sonrió a medias– Esto…¿me cuentas qué es eso qué dijiste de Justin por el móvil?
–Eh… –Mire a mis pies– Recordé todo. –Trague saliva– Recordé qué a él lo conocí este año, no hace tres…recordé qué él y yo nos odiábamos a muerte, también qué él me hacia la vida imposible…Él no es mi novio, ni lo fue, solo jugo conmigo. –Cuando me di cuenta estaba llorando.

Esto…no, no podía. Él me había hecho creer qué era especial, qué era su princesa. Todas mentiras.



Derriba el muro {15} Maratón.

Miércoles 12 de noviembre; 15:36

(Sigue narrando Brenda)

Ha pasado un mes desde qué me rompí la rodilla, desde ese fatídico accidente.
Mi rodilla estaba recuperada desde hacia unas semanas ya. He seguido recordando cosa y hay cosas qué no encajan:
–Sigo sin recordar nada de esos supuestos tres años de noviazgo.
–Recordé un momento un tanto extraño.
Él momento constaba de una especie de pelean entre Justin y yo.

-¿Qué…-Reí- quieres?
-Saber de qué coño se reían.
-Oh, nos contaron un chiste. –Estalle a carcajada. Pero pare al ver la cara de Justin. Odio, repugnancia.
-¿Y por qué coño me miraban? –Preguntó ya arto. Me tomo de la barbilla, haciéndome qué lo mirase- ¡Dime!
-Por… -Empecé a temblar. No soportaba qué la gente me tocara la cara- Déjame ir. –Dije con la voz fina.
-¿Ahora vas a llorar, eh? Dime, Brenda, ¿crees qué soy tonto? –Yo negué con la cabeza.
-Déjame ir… -Repetí- No quiero llegar tarde.
-Oh, -Me soltó- perdoné usted, señorita. No recordaba qué eras una maldita empollona.

Yo di pasos hacia atrás, topándome con todas las mesas. Había sido una mala idea gastarle esa broma. Justin era un monstruo, daba miedo. Él carcajeaba. De nuevo, yo, choqué con una mesa. Haciéndome daño en la espalda. A parte, me caí al suelo. Justin se acerco a mí, se inclinó y puso a centímetros sus labios de los míos.

-Jódete. –Susurro contra mis labios, acto seguido rió fuertemente.

Algo raro, debo admitir. No entiendo ese recuerdo. Parecía ser qué Justin  y yo nos odiábamos a muerte. Por eso no recuerdo qué sea mi novio de años atrás.

Cambiando de tema. Caitlin se ha vuelto una de mis mejores amigas, siempre nos llamamos y nos contamos todo. Somos como hermanas. Al igual qué Christian. Ese chico…aunque sea dos años menos qué yo, es tan adorable, lo juro. Dan ganas de comérselo cuando sonríe. Y, Nolan, de él supe poco más. Me dijeron qué se había mudado por el trabajo de su padre.

Chaz y Abby siguen juntos, y enamorados. Se les ve muy bien juntos, además de qué de ellos ya recordé todo. Sé perfectamente quiénes son, como les conocí y como ha sido nuestra amistad.

Oh, más noticias. Volvimos al internado, sí, así es. Justin y yo volvimos hace una semana, algo así. Él me está pagando el internado, en realidad todo. Es como si fuera mi padre, pero es mi novio. Ustedes entiendes, y si no lo hacen, no pasa nada.

¡Ay! Se me olvido decir qué los Beadles vendrán al internado, convencieron a sus padres, además por qué sus papás creen qué en la escuela qué estaban no había suficiente seguridad. Eso dicen por el incidente de qué se quemo, aunque qué fue por culpa de Nolan, es un loco.

–¡Eo, eo! ¡BRENDA! –Me grito Abby.
–¿Qué? ¿Tsunami? –Pregunté asustada.
–No, idiota, ¿qué piensa de lo qué te pregunte?
–¿Qué me preguntaste? –Ladeo mi cabeza, con cara de interrogación.
–Oh, genial, ni me andabas escuchando. –Se hizo la ofendida.
–Lo siento, Abby, estaba pensando en mis cosas…
–Da igual, estaría pensando en esas cosas, qué serían Justin. –Ella rió.
–¡Ay! Qué idiota, de verdad, no pensaba en él. Bueno, realmente sí, pero…
–¡Lo sabía! –Me grito interrumpiéndome.
-Okey, pero no chilles, además, piensa lo que quieras. –Le saque la lengua.
–Sabes qué te quiero.
–Y yo a ti, boba. –Le sonreí.

[…]

Salí de la habitación, me cruce con la perra de Jazmín. Sí, aunque no recuerde de ella, sé qué es una perra. Desde qué he vuelto, no para más qué intentar quitarme mi ropa nueva –comprada por Justin–, además de tratarme mal, mirarme feo e intentar robarme a mi novio. Me da rabia la puta esta.

–Hola, Bren. –Me sonrió cínica.
–Para ti Brenda. –La mire mal.
–Como sea. –Movió con desdén su mano. Me miro de arriba abajo– Lindos shorts. –Los observo detenidamente– Ya me los prestarás, ¿no? –Dijo como si de toda la vida fuésemos amigas.
–Oh, perdona mucho Jaz. –Dije falsamente– Pero mi ropa no la llevan los perros.
–¿Qué insinúas? –Me miro despectivamente.
–Utiliza la neurona qué te queda, y piensa. –Le sonreí– ¡Adiós, zorra! –Solté una risa falsa como la de las pijitas plásticas de aquí.

Ella quedo mirándome mal mientras empecé a reír de verdad. Ella se acerco  a mí con mala cara, como si de un momento a otro se fuese a abalanzar sobre mí. ¿Ella, pegarme, a mí? Já.

–¿De qué vas, gilipollas? –Me dijo ella.
–No, cari, hoy no me disfrace de nada, siento qué seas la única qué vaya de puta. –Hice una mueca.
–¿¡Perdona!?
–Perdonada. –Toque su hombro, dando unas palmaditas.
–Pero serás… –El no termino su frase, comenzó a arañarme con sus uñas postizas.

Yo simplemente, le di una bofetada, alejándola de mí. Ella se sobo su mejilla. De nuevo se acerco a mí, con más furia y rabia. Y de la nada, apareció Ryan y se puso en medio de nosotras dos.

–¡Ey, ey, ey! –Grito él– ¿Qué está pasando aquí?
–Ella comenzó a insultarme y pegarme, Ry. –Se hizo la víctima. Pedazo zorra.
–No me llames Ry con tu voz de pito, suena…horrible. –Él puso cara de asco. Me miro, y preguntó– ¿Es cierto lo qué ella dice?
–No. –Suspiré– Ella llego a mí, comenzó a decirme cosas y me estaba yendo, dejándola sola. Pero vino y siguió insultándome. Comenzó a arañarme y le di una bofetada, nada más. –Explique, con alguna mentira.
–Está bien. –Él nos miro a las dos, miro fijamente a la zor…Jazmin– No te quiero ver más cerca de Brenda, ¿entendido? Juro qué te acercas a ella y no lo cuentas.
–¿Qué dices? –Se tapo la boca con una mano, en plan ‘no quiero estar cerca, igualmente’– Ay, Ry…con esas noches qué hemos pasado…
–Qué por cierto, eso se termino. Y deja de llamarme Ry.
–¿Cómo qué se termino?
–Qué no quiero más sexo contigo. –Él se elevo de hombros.
–Pero, pero… –Ella pensó– Aun me queda Justin. –Sonrió como una puta barata necesitada.
–¿Perdona? –Ryan me miro, él sabía qué pasaría ahora– ¿Estás loca, guarra de mierda? Acércate –la apunte con el dedo índice– a mi novio. –Recalqué el ‘mi’– Y juro qué mueres, perra.
–¿Novio? –Carcajeo como una posesa– Justin no es tu novio, ni lo será.
–Estás equivocada Jazmín. –Dijo Ryan.
–¿Qué?
–Es su novio, y no te acerques a Justin, porque será malo lo qué pueda pasarte.
–¡No es tu novio! Él es mío, solo mío.
–¡Qué te calles zorra! –La empuje.
–Ay papasito, como eres ahora Brenda. –Dijo Ryan con acento mexicano, haciéndome reír.
–Vamos anda, dejémosla aquí, no quiero seguir viendo su cara de…orco. –tome del brazo a Ryan y caminamos– Y, ¿eso de cómo soy ahora? –Reí recordando como lo dijo.
–Antes de accidente no eras así, eras…más tímida. Eras rara, miedica, a veces valiente. Ahora solo valiente y bruta. No me pegues, por fis. –Él cerró los ojos, como esperando un golpe.
–Eres un idiota. –Reí

Llegamos al campo de fútbol y vi qué Justin estaba ahí, con Chaz y algunos chicos más. Ryan me hizo una seña de qué se iba con ellos y yo asentí. Sentí la mirada de Justin en mí, así qué le mire y le dedique una pequeña sonrisa. Él se acerco a mí sonriendo.

–Hola princesa. –Me dio un pequeño beso. Al separarse se me quedo mirando el cuello y el hombro– ¿Qué son…
–Hola pequeño. –Le interrumpí– ¿Qué tal? ¿Todo bien? ¿Sí? Me alegro, yo debo irme, así qué adiós… –Hablé rápido y sin darle tiempo a hablar, me di media vuelta e intente irme, pero él me agarro del brazo. «Mierda».
–Brenda. –Dijo serio– ¿Qué son esos arañazos?
–Me resbale y me caí.
–Eres una mentirosa. –Me incrimino– Necesito la verdad.
–A ver, yo fui a Narnia y enton…
–¡Brenda! –Me regaño.
–Okey, perdón, perdón.
–¿Por qué no me lo dices?
–No quiero más problemas, solo eso. –Me eleve de hombros.
–Por favor, dime qué pasó. –Suspiro.
–Jazmín me araño.
–¿Por qué? –Él estaba hirviendo en rabia y furia.
–Quizás la insulte cuando me dijo qué le prestará mis shorts…¡es qué se cree mi amiga! Además, Ryan dijo qué…
–¿Ryan estaba?
–Déjame terminar. –Él asintió– Ryan dijo qué no quería más sexo con ella, entonces, Jazmín, dijo qué aun le quedabas tú. –Dije con rabia– La quería matar.
–Tranquila, esa chica es muy zorra.
–¿Por qué dijo qué aun le quedabas tú? –Pregunte. No sabía por qué dijo eso.
–Porque… –Él estaba pensando– le gusto, y cree que podrá estar conmigo, cosa qué no pasará.
–Júramelo…
–¿No confías en mí?
–En ti sí, pero en ella no…

Él me tomo de la cintura, me acerco más, pegándonos.

–Eres mi pequeña princesa, yo tu idiota, te juro todo lo que quieras. –Él me miro a los ojos.
–Gracias…–susurré.

Puse mis brazos alrededor de su cuello y nos fuimos acercando, hasta juntar nuestros labios en un beso dulce y tierno. Se sentía tan…tan de maravilla.

–Te amo. –Dijo cuando nos separamos, él pego nuestras frentes y yo cerré los ojos– Te amo lo más grande, Bren, no me dejes nunca…por favor te lo pido.
–Jamás…te lo prometo, Drew.

Pero, había un presentimiento, un ‘algo’ qué me decía qué pasaría algo qué…rompería todas las promesas. Y, no, realmente no me gustaba esa sensación de qué todo se iría a la mierda.

–Ahora voy a jugar con los chicos. –Me beso rápido– Por cierto, hay pruebas para las porristas…
-NO, ME NIEGO. –Le dije interrumpiéndole.
–No me digas qué no se vería lindo tener como novia a la líder las porristas.
–Obviamente qué no. –Reí– Adiós, idiota. –Le bese.

Camine, dejándole con la palabra en la boca, volteé y aun estaba ahí parado con la boca abierta. Me dedique a reír.
Iba caminando por las escaleras para llegar a mi cuarto, pero hice un traspié y me incliné hacia atrás. Estaba a punto de caerme, cuando sentí unos brazos aguantarme. La persona en cuestión me ayudo a ponerme bien, y le mire. Era un chico, su cabello era oscuro, así como un castaño. Sus ojos eras verdes, tan parecidos a los míos. Era alto, muy alto.

–Eh… –Dije desconcertada– Gracias. –Le sonreí tímidamente.
–No hay de qué, linda. –Me miro– ¿Te conozco?
–Mm, creo que no. –Reí– Soy Brenda, Brenda Maslow.
–James Black Wort. –Me dio dos besos en la mejilla.
–Perdón…¿Wort?
–Sí, es el apellido de mi madre. –Hizo una mueca, parecía triste.
–¿Y esa carita? –Le mire.
–Oh, es qué nunca la conocí.
–Pero ella te tuvo en su vientre, ¿cómo no conocerla?
–Según mi padre, ella fue una prostituta con la qué se acostó y dejo embarazada. Hicieron un trato, ella me tendría, pero en cuanto pasarán unos meses de mi nacimiento, yo me iría con él y no sabría más de ella. Ella acepto, según supe, ella esperaba otra hija.
–¿Cómo se llama tu madre? –Pregunte curiosa.
–Julia Wort.

No, no puede ser. ¿Tengo un hermano? Pero…no, no, no.

–Tú…tú…yo…oh dios mío. –Le mire tapándome la boca.
–¿Pasa algo?
–¿Eres mi hermanastro?
–¿Qué?
–Mi madre es Julia Wort. –Dije asombrada.
–¿Eres mi hermanastra? –Su boca estaba en forma de ‘O’
–Parece ser qué sí.

Él me abrazo. Y yo le correspondí. No pensé qué tendría un hermano, es algo tan irreal…Pero, ¡lo tengo!

–¿Me haces un favor? –Le pedí.
–Dime.
–No le digas a nadie qué somos hermanos, no quiero que sepan qué nuestra madre era…ya sabes. –Hice una mueca.
–Claro, con el tiempo pensaremos una escusa.
–Ay, siempre quise un hermano mayor. –Reí.
–Aquí estoy, hermanita. –Me abrazo– ¿Damos una vuelta y me cuentas sobre ti?
–Claro, vamos. –Enredamos nuestros brazos y comenzamos a caminar.
–¿Cuándo cumples?
–Diecinueve de enero. ¿Y tú?
–Veintinueve de diciembre.
–Eres mayor qué yo un año y unos meses. –Dije riendo.
–Y tú más pequeña. –Sonrió.
–Pero adorable. –Reí– Nah, es broma.
–Lo eres. –Me miro, y me cogió los cachetes.
–Ouch. –Me los sobe– Eso dolió.
–Mentira. –Rió.
–Como sea. –Reí con él.
–¿Y qué es de ti? –Me preguntó.
–La verdad, ni sé, olvidé todo.
–¿Eh?
–Tuve un accidente, y perdí la memoria, pero estoy recordando. –Sonreí.
–Eso está genial, digo, lo de recordar…tú me entiendes. –Se complico el pobre.
–Te entendí. –reí.

Cuando me di cuenta, estábamos en el campo de fútbol. Como hacía una hora, algo así.

–¿Te gusta el fútbol? –Le pregunte.
–Sí, es entretenido, pero no suelo jugar siempre. –Me miro– Deberías ser porrista.
–No, tú también… –Mire al suelo– Eso es para las plásticas. –Le mire– No insinuarás qué soy una, ¿cierto? –Le mire mal.
–No, jamás hermanita. –Con sus manos negó.
–Más te vale. –Reí.
–Ay, te cogí cariño en una hora. –Me abrazo por la cintura y yo a él por los hombros– Te quiero, pequeña.
–Y yo a ti grandullón. –Nos separamos y bese su mejilla.

▪Justin POV

–Ey, Justin, ¿aquella es Brenda? –Me dijo Ryan señalando a un punto.
–¿Dónde? –Me giré.

Era ella, estaba abrazada a un chico, ellos se separaron y ella le beso su mejilla. Me puse furioso.

–Es ella, ¿pero quién es el otro? –Dijo Chaz.
–Ahora vuelo. –Tiré el balón con rabia al suelo, ya qué lo tenía en la mano.

Me acerqué a ellos. Lentamente y escuche qué hablaban.

–Me encanta haberte encontrado, linda. –Dijo él.
–Y yo a ti, siempre quise un chico como tú de… –Tosí interrumpiéndola.
–¿De? –La mire rabioso.
–Justin… –Miro al chico– Él es James.
–Un gusto Justin –me extendió la mano.
–El mío no. –Lo mire mal– ¿Qué haces con MI chica? –Recalque el ‘mi’.
–Nada, solo somos amigos. –Él me miro con una mirada comprensible.
–¿Y tú qué siempre quisiste un chico como él de…? –Me referí a ella.
–De amigo. –Me miro mal– ¿Ahora no puedo tener amigos?
–Claro qué puedes, pero no puedes tratarlos como novios. –Le dije alzando mi voz.
–Lo trato igual qué a Chaz o Ryan. –Ella cerró sus puños.
–¡Como sea! –Le grite.
–No deberías chillarle a una mujer, nunca. –Dijo James.
–Tú cállate, estúpido, no sé qué cojones haces aun aquí, cerca de mi novia.
–No es solo tuya…
–¿Perdona? –Lo mire.
–¡JUSTIN! –Me grito Brenda y me agarro las manos– Para, hablemos.
–Está bien. –No sé cómo ella terminaba por ablandarme siempre.
–Adiós James, lo siento. –Ella hizo una mueca.
–No pasa nada, pequeña, te quiero.
–Y yo. –Le sonrió.

Cuando estábamos lejos de él, abrí mi boca.

–¿Por qué te llama pequeña?
–Es mayor qué yo. –Dijo abriendo la puerta de su habitación.
–¿Y eso qué?
–Nada. –Entramos y cerré.
–¿Entonces?
–No seas celoso. –Me miro.
–¿Cómo no estarlo si os veo cariñosos?
–Es mi hermano. –Suspiro.
–¿Qué?
–Te lo explicaré más adelante.
–No, ahora.
–Mi mamá estuvo con otro hombre, y lo tuvo a él. –Explique en una pequeña mentira.
–Oh…
–Se apellida James Black Wort.
–Wort, por tu madre ¿no?
–Sí, ya dejemos el tema. –Ella se sentó en su cama. Suspirando.
–Perdón por el numerito de allá abajo. –Le dije rascando mi nuca– No quise…
–Dije qué dejemos el tema. –Me interrumpió.
–Perdón. –Repetí.
–Ya. –Movió su mano con desdén.

Me senté a su lado y pase mi mano por su cadera. Ella apoyo su cabeza en mi hombro. Era increíble cómo podíamos pelear, pero darnos minutos después cariño.

–Te amo. –Le dije susurrando en su oído.
–Yo también, Just. –Me miro.
(A partir de aquí las cosas se calientan, si no quieres leer la parte hot, mejor sáltatela JAJAJAJA)
Le bese la mejilla, y lleve mis besos por casi toda su cara mientras oía su melodiosa risa. Hasta qué al fin llegue a sus labios y los pude saborear. El beso estaba siendo lento y tierno, pero de un momento a otro, ella se sentó sobre mí a ahorcajadas, sus manos alrededor de mi cuello y las mías por su cintura. Todo se volvió salvaje. Ella paseaba una de sus manos por mi espalda erizándome al completo. Me separé de ella y saqué mi camisa, dejando al descubierto mi torso. Ella paso sus manos por este. Yo me acerque y bese su cuello. Ella soltó un pequeño gemido, qué me hizo ponerme duro al instante. Y ella lo noto, ya qué se sobresalto. Sonrió con malicia. Comenzó a moverse con movimientos circulares sobre mí, me estaba matando.

–Dios… –Susurre jadeando– Pensé qué eras virgen. –Dije, ya qué cómo se comportaba no lo parecía.
–Y lo soy, pero puede que haya leído algún libro… –Rió.
–¿Cuál, fiera? –Bese su clavícula, dejando un rastro de besos mientras ella me hablaba.
–Cincuenta sombras…
–Oh, Brenda, seré tu Christian Grey.
–Y yo tu Anastasia Steele.
–Perfecto. –Sonreí pervertidamente.

Metí mis manos bajo su camisilla, mientras la besaba. Poco a poco se la fui sacando, me separé de ella y se la quite al completo. La tiré a Dios sabe dónde. Mire sus pechos. Redondos y perfectos, tan deseables. La bese de nuevo, empujándola un poco para atrás. Me levante con ella agarrada a mí como un koala. La puse contra la pared, ella gimió. Baje mis besos hasta sus pechos, me separé un poco y relamí mis labios. Me hundí en ellos, olían a frambuesa, exquisitos. Los bese por encima, ya qué aun llevaba el brassier. Ella, con cuidado de no caer, se lo desabrocho y lo tiro a cualquier lado. Ahora sí, tenía sus pechos al completo delante de mí. Los bese, lamí, mordí y sus pezón ya estaban erectos. Ella tenía los ojos cerrados y mordía su labio.

–Ey, pequeña… –La llame con voz ronca– ¿Estás segura de esto?
–Sí, obvio… –Me beso.

Se bajo de mí y siguió besándome con desesperación. Mientras jugaba con el botón de mi pantalón. Lo desabrocho y con mi ayuda lo saco, quedándome en bóxers. A ella aún le quedaban esos ajustados short elásticos negros qué tan buen culo le hacían. Se los quito, quedando solo con sus bragas rosadas.

–Qué sexy te ves, gatita. –La bese, presionándome contra ella, notando sus pechos contra mí.

Y creo que todo lo qué iba a pasar a partir de ahí, lo conocéis.

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