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7 de enero de 2014

Derriba el muro {Epílogo}

Epílogo.

Justin POV.

Eran las dos de la tarde, mi hijo Jason, de trece años, estaría al llegar del instituto. Hoy era un día algo triste, quince de noviembre de dos mil veintisiete. En abril del dos mil catorce había nacido Jason, un niño precioso con los ojos de Brenda. Rubio como yo, y hermoso como su madre. Él era la bendición de nuestro matrimonio. Brenda le había visto crecer, no hubo problemas en el parto y todo parecía ir bien. Sabíamos que había sido un riego tener un bebé después de todo. En el dos mil dieciocho, el quince de noviembre…Brenda fue ingresada de urgencia. Su corazón estaba dejando de latir lentamente mientras sus pulmones no recibían el aire necesario. Jason, en ese entonces, tenía cuatro años. Ella estaba a vida o muerte, más probable la última opción. Era un gran logro que ella ya hubiese vivido tanto, ya que le habían dado meses de vida y habían pasado años. Aquel día…fue triste, muy triste. Casi la pierdo, de nuevo.

—¡Papá, hemos llegado! —Gritó Jason entrando, junto a mi esposa, la cual sufrió otro milagro aquel día.
—¿Qué tal hoy el día en clase? —Le despeine.
—Tengo una cita mañana con Kate, otra el sábado con Joanna y con Pixie el martes que viene. —Elevo sus cejas seguidamente.
—Vaya Romeo. —Habló su madre— Te pareces a tu padre. —Le dio una leve colleja.
—Ouh, ¿por qué me parezco a él?
—Cariño, Justin, dile como eras antes de conocerme. —Me dijo ella con una sonrisa burlona. Ella contoneo sus caderas hasta la cocina.

Mi hijo me miró expectante, yo ahora tenía ganas de matar a mi querida mujer.

—Verás hijo, no puedes jugar así con las chicas…
—¿Cómo eras tú? —Omitió mi advertencia.
—Era un poco…un poco malo con las mujeres.
—¿Un capullo?
—Vaya, sabes palabrotas, hijo.
—Papá, ya no tengo cuatro años.
—Lo sé, lo sé.
—Entonces, ¿es qué te las tirabas a todas?
—Vale, Jason, deja de hablar así. —Brenda llegó con unos vasos de agua.
—¡Pero ustedes también hablaban así antes!
—También es verdad. —Dije. Brenda se sentó en mi regazo y Jason enfrente.
—Qué sí, dejad las cosas de viejos y decidme en que me parezco a papá.

Brenda me miro, sonriendo y comenzó.

—Verás, él era el todo poderoso dios Bieber que todas las mujeres amaban en el internado. Todas se metían en su cama. —Rió— Pero cuando llegue yo, intento conseguirme, aunque no lo consiguió.
—Sí que lo conseguí. —Me queje— Además antes que Ryan.
—Pero porque yo perdí la memoria, eso fue trampa. —Rió—Por cierto, Ryan nunca corrió en bóxers por el internado.
—Eso está arreglado, me acorde esta mañana.

Todos nos asomamos a la ventana, Ryan estaba junto a Cait, mientras ella reía. Él iba en bóxers.

—¡Me las pagaran! —Grito antes de empezar a correr por toda la calle.
—El tito Ryan y tú…no eran normales en las apuestas, ¿cierto?
—No, hijo, ellos eran los mujeriegos del internado. A los cuales les dije que no. —Aclaró su madre.
—Al final te casaste conmigo, guapa.
—Sabes que te amo, bobo.
—Obvio. —Le sonreí.
—Entonces, ¿cómo era papá?
—Un inmaduro mujeriego idiota.
—Un sexy ligón que todas deseaban.

Los dos hablamos al mismo tiempo, nuestro hijo empezó a reírse.

—Como tú digas, mi amor. —Brenda se rió.
—Vale, puede que fuese inmaduro. ¡Pero era muy sexy!
—Y lo sigues siendo. —Paso sus manos por mi cuello, yo las mías por su cintura.
—Te amo.
—Yo más.

Me acerqué a ella y la bese.

—¡Foto! —El flash del móvil de mi hijo nos cegó— Qué bonitos, dios mío.
—Vale, niñita. —Le enseñe la lengua.
—Cállense los dos, espero que tú —Señaló a Jason— hayas aprendido a valorar a la mujer.


Sonreí, sabiendo que era lo mejor que me había podido pasar en la vida. Tener el resto de mi vida al lado de esta preciosa y única mujer. Haber tenido a nuestro hijo. El simple hecho de saber que ellos eran mi todo, me completaba. 

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LLEGÓ EL FIN DE LA NOVELA, ADIÓS "DERRIBA EL MURO" FOR LIFE. Bueno, para siempre no, porque siempre estará en este blog. Y quizá la suba a Wattpad. 
Chicas, de verdad que muchas gracias a esas que siguieron a mi lado a pesar de todo, que nunca me abandonaron. A pesar de su ausencia, volvieron y me comentaron.Me dieron animos a seguir. Muchas gracias por esperar cada capítulo, incluso si yo tardaba siglos en subir. Son las mejores lectoras del mundo. De verdad, si ustedes esta novela jamás hubiese salido de mi Word.
Que cursi. 
¡Pero es que estoy feliz!
¿Qué le dejaron los Reyes Magos? (Si es que pasaron por sus casas)  
A mí poquitas cosas, pero OH DIOS MÍO. ¡QUE ME VOY A MADRID A VER A ONE DIRECTION! DJHSBFHJSFNJSDFHNBSJGFKBDFJGKSHBNFJD.
Ya entienden mi felicidad. 
Por cieeeeeerto, si alguna se quiere adelantar al estrenó de "Love me" haré ahora una entrada con el link de la novela en Wattpad. Sé que no es de Justin, pero necesitaba variar. Prometo que en cuanto termine de escribir esa, comenzaré una nueva de Justin, distinta a todas las que tengo. 
GRACIAS POR TODO, AMORES, TODO MI LOFF PA' USTEDES.
En serio, muchísisisisisisisimas gracias.

Derriba el muro {30} Maratón FINAL.

Capítulo 30.

—Estás preciosa, Brenda. —Me halago Caitlin, con lágrimas en los ojos.
—¿Tú crees? —Giré mientras me miraba en aquel gran espejo.

Después de siete meses, estaba a punto de casarme con Justin. Le había dicho que sí, miles de veces sí. Deseaba pasar lo que me quedaba de vida junto a él, el hombre de mi vida. Y aquí estaba. Poniéndome el traje de boda. El cual era de palabra de honor. La parte de arriba era en corsé y la de abajo era una falda larga. Era precioso, Caitlin, Pattie, Abby y Jazzy se habían esmerado mucho en conseguirlo. Mi pelo estaba en un recogido un poco suelto, tampoco quería verme tan, pero tan repeinada.
Caitlin era la madrina y Chaz el padrino. Porque a Abby le había prometido que sería la madrina de el hijo que espero. Sí, de nuevo estaba embarazada, de dos meses. Sé que corro el riesgo de morir en el parto, pero me da igual. Quiero hacer feliz a Justin dándole un hijo al menos.
Toda mi vida había dado un cambio de ciento ochenta grados. Todo se había vuelto mejor. Dani se había convertido en un chico esplendido, genial y dulce. Era como un hermano mayor para mí. James, mi verdadero hermano, había viajado desde su casa en Miami solo para verme casarme. Era tan perfecto como hermano. Mi padre acabo entre rejas, y mucho que me alegro. No quiero que se acerque a mí, a Justin y a nuestro hijo. Mi madre y yo hemos vuelto a la normalidad, pero aun nos peleamos por lo mismo. Con mis amigos, todo había estado de nuevo como siempre. Perfectamente. En el hospital yo había mejorado mucho, así que tenía mucha más libertad que antes. Iba a la playa, al campo, a restaurantes, parques,… Podía seguir mi vida, aun tomando medicamentos. 

—Vamos, es la hora, Brenda. —Sonrió James entrando en la sala donde estaba, para llevarme hasta el altar.
—Allá voy. —Enganché mi brazo con el suyo.

Yo me había vuelto más fuerte y luchadora. Ya no estaba rota, sonreía y reía por todo. Mi vida no era una mentira, era una verdad. La gente se emocionaba con mi historia, decían que yo era una chica especial. Justin les decía que yo era su chica especial. Se ponía aun más celoso cuando me lo decían los chicos, o su propio hermano. Jaxon, lo conocí justo un mes después de la proposición de Justin. Al igual que a su padre, Jeremy. No sé cómo demonios Justin se podía poner celoso de un niño de cuatro años. Era recordar aquel momento ye charme a reír. Justin enfurruñado en el sillón mientras Jaxon abrazaba mi pierna. Se veía tan dulce.
Cuando me doy cuenta, estoy frente a Justin. Quien me sonríe ampliamente.

—Estás hermosa. —Susurra.
—No te quedas atrás, Bieber. —Le guiñé un ojo.

[…]

—¡Qué va, eh, qué va! —Grite mientras me daba la vuelta y tiraba el ramo de flores. Cayendo en manos de mi prima Jane— ¡Mira a ver con quién te casas, enana!
—Cállate. —Rió, mientras se ruborizaba y besaba a su novio, Liam.

La ceremonia fue tranquila, muy tranquila. Hasta el momento de la comida, cuando Chaz y Justin se pelearon por el ultimo trozo de tarta. Fue muy gracioso, porque el trozo acabo en el vestido de Abby, quien se enfadó tanto que le dio dos collejas a cada uno. Caitlin y Ryan no paraban de darse besitos y mimitos. Ahora eran novio. Se veían tan cucos juntos. Y Chris…bueno, Christian rodaba por los suelos gritando “¡Vivan las croquetas!” Claramente, mi boda no iba a ser normal.

—¡Atiendan, por favor! —Gritó Justin, pero nadie le hizo caso. Se subió a la silla— ¿¡Es ese Chuck Norris!? —Gritó más fuerte y sorprendentemente todos miraron— Muy bien. —Se bajo de la silla— Brenda y yo tenemos algo que deciros. —Sonreímos— ¡Estamos embarazados!
—¿Perdona? —Le miré— ¡No eres tú a quien le saldrá un bombo!
—Puedo comer mucho para engordar y tener uno. —Elevó una ceja con una sonrisa burlona.
—Idiota. —Reí y le di un pequeño beso entre los aplausos de la gente.

Todo transcurrió normal, muy bonito y especial. Un nuevo recuerdo para mi álbum. Todos nos pusimos al lado de la fuente de chocolate. Cait, Ryan, Chris, Justin, yo, Abby y Chaz. Sonreímos, y nos tomaron la foto. Christian tropezó al irse a colocar mejor, cayéndose encima de la fuente de chocolate, salpicando en mi vestido. Ryan se cayó encima de Chris. Caitlin perdió un pendiente y se puso a gatear para encontrarlo. Abby y Chaz, pusieron sus peores caras. Yo me estaba partiendo de risa, mientras Justin me aguantaba con la mano, ya que me había inclinado hacia atrás y casi me mato. Un flash nos inundo a todos. Habían fotografiado la graciosa escena. Ya sé que foto de mi boda iría enmarcada en grande en mi salón.

Al final, Justin y yo pudimos pasar esos baches, llegando hasta los muros en nuestros corazones y destruirlos.

Porque él será mi eternidad y yo la suya.
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Sigan mirando, está el epílogo.

Fin.

Derriba el muro {29} Maratón FINAL.

Capítulo 29.

Brenda POV.

Según los médicos he mejorado mucho el último mes, pero aun tendré que seguir viviendo conectada a estas estúpidas maquinas. Vaya asco. Dani sigue viniendo todos los días, junto a su hermana. Además de Pattie y Jazzy, son unos soles.  Chaz, Ryan, Chris, Cait y Abby también vienen, pero les echo. ¿Para qué verles si primero fueron ellos que me dejaron tirada como la mierda?
Sobre Justin…No sé nada de él. No he querido saber con quién se estaba acostando ahora, o que estaba haciendo con su vida. Tampoco le he visto el pelo por aquí, creo que ya se olvido de mí. Supongo que eso es bueno. Aunque aun le ame con todo mi corazón. Pero…creo que hoy, es un día distinto a todos.
La puerta se abre. Pasan Cait y Abby con una sonrisa de oreja a oreja.

—La enfermera nos ha dicho que hagamos un par de cosas.
—¿No puede venir ella?
—Nop.

Cait termina de hablar y me ayuda a levantar. Abby me tira un precioso vestido de color azul cielo, con unos dibujos. Unas bailarinas blancas y me empujan al baño.

—¿Qué hago ahora con esto? —Preguntó.
—Vestirte. —Abby sonaba obvia.

Me coloqué cada prenda con cuidado, aun sentía adoloridas mis muñecas. Salí del baño, ellas se sonrieron.

—Siéntate. —Me ordenó Cait.
—¿Pero que es todo esto? —Me senté.
—Ya verás.

Empezaron a maquillarme, pero muy poco. Bien saben ellas que me gusta ir más natural. Me cortaron el pelo, pero no mucho y me peinaron.

—Dios. —Dijo Cait tapando su boca.
—¿Qué ocurre? —Me levanté y me miré en el espejo, tuve la misma reacción que Caitlin. Yo no estaba tan pálida gracias al maquillaje, mi pelo ya no era un nudo gigante, el traje me quedaba bastante bien y me veía muy hermosa. Cosa que nunca me había sucedido. Verme hermosa.
—Increíble. —Oí la voz de Chaz, junto a unos “Jesús” por parte de Chris y Ryan.
—¿Qué hacéis aquí todos? —Les miré, todos me sonreían— ¿No recordáis que no os quiero ver?
—Pues bien que te has dejado vestir, maquillar y peinar por nosotras. —Contraataco Abby.
—Touché.

Ryan me ofreció su brazo, yo fruncí el ceño.

—Confía en mí. —Susurro.

Tome su brazo. Debía confiar, ¿no? Total, ellos saben quién soy y como ellos han sido mis amigos de vedad, y en tan poco tiempo les he cogido demasiado cariño.
Los demás ya habían salido. Yo salí del brazo de Ryan a fuera del hospital. Estaba nerviosa, obviamente. Hacía tanto tiempo que no salía de aquella habitación. Mire al frente, viendo un coche blanco. De él, se bajo Justin vestido de esmoquin. Parecía un pingüino muy guapo. Ryan soltó mi brazo y se puso al lado de todos los demás, los cuales nos miraban a Justin y a mí con una sonrisa de oreja a oreja.

—Buenos tardes, señorita Maslow, sería para mí un placer llevarla a cenar. ¿Qué me dice?
—¿Y si me lo pides bien? —Me cruce de brazos, intentando ocultar una sonrisa.
—Ey, Brenda, ¿te gustaría ir a comer por ahí conmigo y dejar de joderme mis buenos modales? —Me sonrió, tendiéndome la mano.
—Estaría muy guay. —Tome su mano, vi como se estaba poniendo nervioso y no evite reírme de él— ¡Dios santo! —Carcajeé— ¿Estás nervioso? ¿El gran Justin Bieber dios del ego más grande y mujeriego, está nervioso?
—Vale, Brenda, me acabas de destruir por completo. Sube tu precioso culo al coche. —Rió.

Escuche de fondo las risas de los demás, mientras me subía al coche. Justin se sentó en el asiento de conductos, puso la llave en el contacto y arranco.

—Y, bueno…¿cómo has estado?
—Bien, supongo. —Me elevé de hombros. Silencio, más silencio y decidí romperlo— No me has venido a ver… —Susurré.
—He ido. —Levanté mi mirada, y fui directa a él— Pero mientras dormías. —Aclaró— Sabía que si estabas despierta, te pondrías como una fiera y me echarías.
—¿Tan mal me he portado?
—Muy mal. —Hizo una mueca— Pero todos te comprendemos.
—Hice mal, ¿cierto?
—Solo estuviste a punto de morir por segunda vez. —Se elevó de hombros mientras miraba la carretera.
—Pero la primera no fue intencionada…
—Ya, pero las dos veces fue por mi culpa y no voy a podérmelo perdonar nunca.
—Justin, no es tu culpa. —Acaricié su mejilla.

Ahí me di cuenta de lo idiota que había sido este último mes. De que casi pierdo lo que más adoro en este mundo, que es Justin. Qué por mucho mal que me haga, le amo. Qué solo deseo que él sea quien me besé cada mañana, tarde y noche. Solo pensar que yo me estaba muriendo, mientras él lloraba por mí…me mataba. No sé cuánto me quedará de vida, pero ojala él haga de ello los mejores momentos. Empezando por esta bonita velada.

—Oye. —Me miró un momento, asintió y volvió la mirada a la carretera— Hace mucho que no te digo que te amo. —Mire mis manos, algo nerviosa— Eso, que te amo.

Justin giró una curva con mucha fuerza en cuanto le dije que le amaba, frenó y me miró. Me aferré a mi sillón y empecé a reírme. Era la primera vez que Justin estaba tan nervioso.

—Dios mío. —Reí más— Tienes demasiados nervios acumulados, bebé.
—No me trates bien mientras conduzco, Bren. —Se quejó.
—¿Por qué? —Carcajeé.
—Porque no estoy tan acostumbrado como antes.
—Admite que estás nervioso. —Arrancó de nuevo.
—No.
—Como tú digas, pequeño.
—Brenda. —Se quejó.
—Ya me callo.

En realidad me quede callada, pero no podía dejar de reír. Incluso le contagié la risa a él.
[…]

El gran Justin Bieber, me llevó de cita a un McDonald. Comimos hamburguesas y unos refrescos. Además de las patatas fritas. Realmente, no había cita mejor que esta. Tampoco quería ir a un lugar caro de esos franceses, chinos o italianos. Con esto estaba más que feliz.

—Bueno, Biebs, ¿a qué ha venido todo esto?
—Necesitaba hacerte feliz.
—Lo has conseguido. —Sonreí.
—Ha sido un milagro. ¿Sabes qué pensé que en cuanto vieras a Cait y Abby arreglándote, te pondrías como una fiera? ¿O qué cuando me vieras a mí me daría un puñetazo?
—Qué imaginación. —Reí— Solo tú imaginas cosas así.
—Es que ha pasado. —Rió— Menos lo del puñetazo, espero que nunca pase. —Se cubrió la cara con los brazos— Y si sucede pues…¡en la cara no!
—Estás más estúpido que antes. —Mi risa ya era de loca, no me había parado de reír en toda la cita. Justin me miraba sonriendo siempre, parecía tan idiota.
—Así me aman las señoritas. —Se paso la mano por el pelo, elevando sus cejas seguidamente.
—Una en concreto más que todas esas zorras. —Miré a todos los lados, como una idiota, intentando que no me regañara.
—¿Tú?
—Yo. —Le sonreí.

Él se levantó y me dio la mano, salimos fuera del McDonald. Nos acercamos a la playa que estaba cerca, fuimos caminando. Allí habían unas velas, y de fondo de escuchaba a Chaz echándole prisas a Ryan para esconderse. Negué riendo con la cabeza, pero deje de hacerlo cuando Justin se arrodilló enfrente de mí, tomo una de mis manos y me miro a los ojos.

—Brenda, eres la chica que amo, la más perfecta, eres mi vida, eres todo para mí. Sabes todo lo que hemos pasado. Muchas peleas, causadas por mí y mis mentiras. Todo esto comenzó con una estúpida apuesta, pero termine enamorándome de ti. Cuando te vi ahí, la primera vez en el hospital me di cuenta de que no podía dejarte ir. Porque te habías convertido en algo importante para mí. A pesar de que cuando despertaste, lo de los novios primero fue por la apuesta y ya después me di cuenta de que te amaba. —Rió— Pero lo que quiero decir, es que sin ti no vivo, amor. Solo hazme el placer de ser mi todo… —Saco una cajita de su bolsillo— ¿Te gustaría ser mi eternidad?

Derriba el muro {28} Maratón FINAL.

Capítulo 28.

Justin POV.

Ha pasado un mes desde que Brenda intento suicidarse. Por lo que me han dicho, ella está algo mejor y le dan mucho más tiempo de vida. Ya puede mover sus manos. Sigue teniendo problemas respiratorios, y además le detectaron también problemas en el corazón. Me han dicho que sigue soltera, aunque Dani le ha pedido salir unas cuantas veces. Ella sigue sin hablarme, tampoco he ido a verla cuando está despierta. Suelo ir cuando duerme, y la observo. Los chicos la siguen yendo a ver, pero están minutos dentro de esa habitación. Ella los echa. Está enfadada, demasiado enfadada. Es ella quien nos odia ahora.
Por mi parte, todo ha cambiado. Ya no estoy en la banda, ya no soy tan mujeriego, me llevo mejor con mi familia. He cambiado a mejor, creo. Pero hay algo que me falta, y es ella. Solo ha pasado un mes, nada más, pero se siente como años. Solo quiero verla sonreír gracias a mí, la quiero ver conmigo, la quiero ver besándome…

—Hoy muere alguien, ¿quién me puede haber tocado el culo? —Oí la risa de Chaz.
—Pues, alguno de los chicos de los qué están. —Contestó el moreno a la chica nueva.
—Vale, voy a adivinar quién es. Le partiré la cara. –Dijo furiosa.

Ella se volteo. Encontrándose a centímetros de mi cara. Sus ojos eran verdes, y me disparaban miles de balas con demasiado odio.

—¿Qué me vas a hacer, fiera? —Relamí mis labios.

Ese había sido la primera vez que hablábamos. Recuerdo que empezamos a pelearnos. Ella se me resistía, ella no me quería. Cuando nuestro trato, ella dormiría conmigo y la dejaría en paz. Fue tan ilusa, que no se dio cuenta de que eso sería seguirla molestando. Yo a ella la deseaba en mi cama, pero nunca lo conseguí hasta el accidente de coche. En ese momento me sentía como una mierda, porque sabía que era mi culpa. Después ella despertó, no recordaba nada…le dije que era mi novia.

—Ey, tú. —Me señaló— Ven.
—¿Qué quieres? —Me acerqué a ella.
—Cuéntame sobre mí.
—Esto… —Me rasco la nuca— No puedo.
—¿Por qué?
—Los médicos dijeron qué entras en shock cada ve qué te cuentan algo, al parecer te pones a recordar.
—Eso es lo qué quiero. Ser yo.
—Está bien.

Respiro. Yo sé de ella tanto. No puedo contarle todo. Sí empieza a recordar todo, le parecería extraño qué yo conociera todos los detalles de su vida. Sería extraño. Ella estaría de testaruda intentando adivinar.

—Te llamas Brenda Anne Maslow. Tienes diecisiete años. Eres de Canadá. Tú madre se llama Julia Wort y tu padre Max Maslow.

Ella me mira detenidamente.

—Sabes más.
—No.
—Sí.
—Brenda, te conocí hace…

¿Por qué no jugar? ¿Por qué no ganar ya esa apuesta?

—Te conocí hace tres años. Y sé poco de ti. —Continuo.
—¿Cuándo nos conocimos?
—Ya te dije, hace tres años.
—No te recuerdo.
—Soy Justin, boba. ¿También te tengo qué recordar qué estamos de novios?
—¿Novios?
—Sí, llevamos un año.

Yo la hice mía por primera vez, me sentí en el cielo. El tiempo pasaba, ella fue secuestrada por su propio padre y entonces recordó todo. Se enfadó conmigo. Mucho después, descubrí que estaba tomando muchas pastillas anti depresivas. La cogí en brazos y la tiré a la piscina. Vi todos esos golpes por todo su cuerpo. Su padre era un hijo de puta. Nos perdonamos. Después ella me evitaba, nos peleamos, pero horas después ella me pidió perdón. Semanas más tarde, ocurrió lo peor. Ella tuvo ese aborto, que al fin no fue. Me enfade tanto en ese momento que la deje de lado, me aparté de su vida por días. Por más que Ryan intentaba que fuera a buscarla, mi orgullo no me dejaba. Hasta que llegamos a aquel fatídico día donde ella acude al suicidio.
Y, bueno, ahora ya no queda nada. Creo que ni las cenizas de todo lo que vivimos. Solo quedaban los recuerdos junto a ella, su preciosa sonrisa mientras me miraba con esa mirada llena de dulzura.
Tenía que hacer algo para que todo volviese a la normalidad, aun sabiendo que ella tiene poco tiempo de vida. ¡Debe ser cuanto antes!
Quiero que ella sea mi eternidad.



1 de enero de 2014

Derriba el muro {27}

Dejaré los tres ultimos capítulos en un maratón. Lo subiré el día 7 de enero.
Pero tranquilas, que a mí aun no me duelen los dedos de escribir. La nueva novela comenzará el 18 de enero. Aunque la sinopsis será antes. Quizá el 11, un día antes de que Zayn cumpla 21. (NOOOOOOOOOOO). Las quiero demasiado, chicas.
PD: EL OCHO EL MI CUMPLE, AL FIN ME HAGO GRANDE, BIEEN. Nah, mentira, me deprime, cumpliré 14, que vieja...FOREVER YOOOUNG, I WANNA BEEE FOREVEEER YOUNG.
FEEELIZ AÑO NUEEVO AMORES.
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Los médicos se abrazan, sonríen. Uno sale de la sala, y el chico rubio, Dani, se acerca a él.

—¿Qué pasa?
—Esto es un milagro. Ella volvió a la vida.

Todos abrimos la boca, sonreímos, saltamos. Brenda de nuevo está viva, ella volvió. ¡Ella volvió!

—Pero… —Comenzó apenado— Está muy frágil, se podría decir que hay posibilidades de que ella muera, pero esta vez para siempre.
—¿Cuánto le da de tiempo? —Pregunté.
—Horas, días, meses…no estamos seguros. Todo depende de su recuperación.
—¿Cuándo despertará?
—No sabemos.
—Podemos esperar. —Sonreí.

[…]

Las horas pasaban, ella aun no despertaba. Dani se había pasado casi todo el tiempo dentro de la habitación con ella. Aunque estuviese dormida, él la miraba y sonreía. Me daba rabia. Mucha rabia. Sabía que ella solo querría verle a él, ya que él fue quien estuvo con ella mientras todos la dejábamos de lado.

▪Brenda POV.

Lentamente abro mis ojos, me parece haber estado durmiendo una eternidad. La primera imagen que veo, es a Dani sonriendo mientras me mira. Sus ojos llorosos, me hacen darme cuenta de que está a punto de llorar.

—Brenda… —Susurra.
—Hola… —Le sonrió un poco, pero tengo los labios adoloridos.
—¿Sabes el susto que me has dado?
—No, ¿qué ha pasado?
—¿No lo recuerdas? —Negué con la cabeza— Espera, llamaré a un médico.
—No, no te vayas. —Intente mover mi mano, pero no pude.

Él salió y me quede sola esperando. Después él y un médico entraron. El médico reviso todos los aparatos de mis lados. Miré mi estomago.

—¿Cómo está el bebé? —Salió solo de mí.
—Hola, Brenda. —El médico me miro— Soy el doctor Dawson. —Sonrió— Bueno, verás, perdiste al bebé.
—¿Qué? —Dije bajito.
—¿Recuerdas algo de lo que paso ayer?
—Sí…salí del hospital a pasear con Dani.
—¿Solo eso?
—Solo… —Le miré esperando que me contará algo más.
—No quiero que te alteres, Brenda, estás muy débil. —Asentí— Has perdido mucha sangre, tus pulmones tienen algo de agua. Anoche el joven de aquí te encontró sumergida en la bañera, con las muñecas cortadas. —Tragué saliva, pero no me impresionaba, comencé a recordar el motivo de todo esto— Te hemos operado las dos, para restaurar los nervios y tendones que se cortaron. Al igual que las venas. Te hemos hecho además una transfusión de sangre. —Asentí— ¿Empiezas a recordar?
—Sí. —Dije seca.
—Bien. Ha sido un milagro que sigas con vida, Brenda.
—Entendido.
—Sobre el bebé…lo has perdido.
—Vaya, que pena.

No sentía nada, solo rabia y ganas de desaparecer. ¿Para qué quedarse? ¿Para qué la gente te recuerde lo suicida que eres? ¿Para qué te miren mal? ¿Para qué te odien?

—Tendrás que ir a un psicólogo.
—Claro, ahora estoy loca. —Reí sin humor.
—No, no es eso Brenda. Necesitamos que entres en razón.
—¿Para qué? —Le miré— ¿Para qué no vuelva a hacer lo que hice?
—Sí.
—¡Pero quiero desaparecer!
—Brenda, por favor…
—No tengo motivos para seguir viva.
—¿Y todas esas personas que están fuera? —Señalo el cristal— Qué han llorado por ti.
—Son los mismos que me dieron la espalda cuando más les necesite.
—¿Y él? —Señaló a Dani— Él estuvo contigo.
—Lo sé.
—¿Por qué no sigues viva, por él?
—Porque…no lo sé.

Mire a otro lado. Nada tenía sentido ahora. Yo deseaba a un hombre el cual me había pedido que le olvidase, yo quería unos amigos los cuales me dieron la espalda, yo necesitaba una familia la cual me negó la palabra. Mi vida, no era vida. Era una mentira en a que estaba sumergida.

—¿Cuánto me da hasta mi final? —Pregunté.
—No entiendo, Brenda.
—¿Cuánto tiempo de vida me queda?
—Horas, días, meses…No lo tenemos claro.

Resoplé y mire mis muñecas.

—¿Cuándo podré moverlas?
—En una semana, así.
—¿Fue muy profundo?
—Demasiado. —Hizo una mueca— No lo hagas más.
—No eres mi padre pare decirme que hacer o no.

Me miró, y salió. Dani detrás de él.
Ojala me hubiesen dejado morir, porque, total, para estar lo que me queda de vida aquí prefiero estar muerta. Horas, días, meses. ¿Quién sabe? Podría morir al siguiente minuto. No es una sensación muy agradable saber que puedes morir en cualquier momento. Por más que lo deseé, es una sensación odiosa.
La puerta se abrió, dejando ver a Justin. Ese mismo hombre al que amo, que iba a ser padre de mi hijo, que me dijo “olvídame”.

—Hola. —Murmuro, quedándose en la puerta.
—¿Qué quieres? —Le dije de mala gana.
—Qué ánimos, vaya. —rodo los ojos.
—Sí. —Apreté mis dañados labios.
—¿Cómo estás?
—Viva, para mi mala suerte. ¿Y tú?
—Igual. —Se acercó a mí— ¿Por qué?
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué hiciste eso? —Sus ojos estaban a punto de soltar un mar de lágrimas.
—Porque quería.
—¿Querías morir dejándome roto?
—Intentaba cumplir tu deseo de olvidarte.
—Pero suicidarse no era la solución.
—Tampoco es la solución vivir sabiendo que puedo morir en cualquier momento.
—No seas tan negativa.
—¿Por qué? ¿Qué más te da a ti?
—Mucho.
—Quieres que te olvide.
—Me molestó que me ocultarás tu embarazo.
—¿Y? —Mire a otro lado— Tenía mis motivos.
—¿Cuáles?
—No quería ser madre adolescente, no quería que mi hijo creciese en este entorno de mierda, no quería que creciese con mentiras sobre el pasado de sus padres,…y hay más. —Respiré, me había quedado sin aire— Pero no me dejaste explicarme en el momento que era. Me diste la espalda cuando estaba ingresada, esperando a tu hijo, ¿ahora se supone que debo perdonarte?
—No…
—¿Entonces, qué quieres?
—Yo…solo quería saber cómo estabas.
—¿Cómo me ves?  —Pregunté— En todos los aspectos, en que piensas de mí, que soy para ti, como estoy.
—Pienso que eres perfecta, pero que nadie puede salvarte de tu mal.
—Pues ya tienes tu respuesta. Ahora, vete.
—Brenda…
—Algo mejor, haz como que yo morí, como si desaparecí y te olvidé.
—Pero es mentira.
—Pues, mira, que bien. Otra para tu bote de mentiras. —Una sonrisa cínica asomo por mis labios.

Él negó con la cabeza, mientras yo vi una lágrima cruzar su mejilla.

—Te miento porque te amo. —Habló— Necesito tus besos, tus caricias, tu sonrisa, a ti. Quiero ser el padre de tus hijos, tu esposo, tu mejor amigo. Deseo ser tu mundo y tú el mío.
—Eras mi mundo, eras el padre de mi hijo. Pero me diste la espalda y perdiste la oportunidad.
—Dame otra, por favor.
—Piérdete. —Escupí con odio.



26 de diciembre de 2013

Derriba el muro {26} Maratón.

ADVERTENCIA CAPÍTULO TRISTE Y CONFUSO. NO ME HAGO CARGO DE VUESTRAS GANAS DE MATARME. QUEDAN 4 CAPÍTULOS.
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Justin POV.

—No, ya no estoy con Brenda. —Repetí por tercera vez.
—¿Qué? ¿Dejaste a la hija de Maslow? —Preguntó Nick.
—¡Qué sí!
—¿Sabes qué si le haces daño a su hija, será peor?
—Él le pegaba, no creo que vaya a matarme por hacerle un daño menor que él.
—Igual te quiere matar.
—Pues vale. ¿Algo más?
—Solo quería mantenerme informado sobre tus romances.
—Tío, eres idiota. Adiós.
—Adiós, Biebs. —Colgó.

Mire la pared. Ella no me había llamado, seguro que se tomo muy en serio lo de olvidarme. De repente, Ryan entra como un rayo en la habitación y me mira. Sus ojos están rojos, ¿Ryan llorando? Tuvo que ser muy fuerte lo que paso como para que llorase.

—Justin. —Tragó saliva— Me dijeron que ayer encontraron a Brenda muerta.
—¿Qué?
—Qué…que ella seguía en el hospital, estaba en un embarazo de riesgo…y a la noche, un chico la encontró en la bañera desangrada bajo el agua. —Vi como las lágrimas se derramaban por sus ojos.
—¿Es una broma? —Me levanté de la cama, él negó lentamente— ¡Todo es mi culpa! —Sollocé.

La sensación de perder a tu ser más querido, es algo que nadie quería sentir. Era un vacío, la rabia, la ira, el desentiendo, la confusión, la tristeza, la depresión…Todo junto dentro de tu cabeza. Haciéndote explotar, querer desaparecer. Estar junto a esa persona. Besarla de nuevo, poseerla en las noches, acariciar su cálida piel. Entonces, cierras los ojos, intentando pensar que es una pesadilla. Qué es una broma de mal gusto, que ella está viva, a tu lado. Los abres, ves el panorama, recuerdas como era ella. Sabes que es capaz de todo por desaparecer. Lo único que se te ocurre es gritar.

—¡Sube al coche! —Le grité— ¡Ahora!

[…]

Llegamos al hospital, yo parecía alguien moribundo buscando puerta por puerta donde estaba ella. Pero no la encontraba. Preguntaba a la gente, todos negaban o me miraban con lastima. Entonces, veo a mi madre. A mi madre y a mi hermana. Más sensaciones juntas. Emoción, alegría, desenfreno…Más las de antes, me iba a volver loco.

—Jazzy… —Susurró— ¿Mamá?
—¡Justin! —La pequeña corre hacía mí, pero está llorando— ¡Te extrañe tanto, hermanito! —La abracé.
—¿Por qué lloras, princesa?
—Mi nueva amiga está muy enferma, los médicos dicen que ella puede morir. —Se secó las lágrimas. Me acerqué a mi madre.
—Justin… —Me miro, ella lloraba también y solamente me abrazó— Hijo mío, te amo tanto.
—¿Por qué lloran las dos?
—¿Por qué lloras tú?
—La mujer de mi vida murió. —Solté a Jazzy— Y todo por mi culpa, mamá.
—Hijo, no es tu culpa.
—Yo le di la espalda cuando ella estaba mal, embarazada. Me acabo de enterar de que ayer la encontraron muerta. —Lloré en su hombro.
—Un momento. —Me miró seria, mientras lloraba— ¿La chica que dices, es esa? —Señalo el cristal que teníamos enfrente.

Dentro había médicos por todos lados, no paraban. Mire mejor, la cama estaba ocupada por una muchacha. Ella estaba pálida, con sus labios color morados, en los cuales había un tubo que se conectaba a una máquina. Su pelo estaba un poco húmedo. Su pecho subía muy despacio, parecía que en cualquier momento dejaría de subir, así, ella, dejando de respirar. Repasé su cuerpo desde lejos. En sus dos muñecas había vendas. Tenía un montón de cosas pinchadas en todos lados, millones de aparatos a los que estaba conectada. Mire el de las pulsaciones, eran débiles…muy débiles.

—¿Quién es, mamá? —La miré esperando una respuesta. Me resultaba conocida.
—Se llama Brenda.

Mi labio comenzó a temblar más, mientras caía sobre mis rodillas. Tapé mi cara con las manos, lloré descontroladamente. Estaba roto, destrozado. Esa era mi chica, todo para mí. Y de nuevo, ella estaba muriendo por mi culpa. Ella parecía tan débil ahí.

—¿Estás bien? —Preguntó mi madre sobresaltada.
—¿Qué…qué le pasó? —Hablé en un hilo de voz.
—Según me dijo el chico que la encontró, se había cortado las muñecas y estaba sumergida bajo el agua de la bañera. Él parecía muy atento con ella los últimos días. Fue la última persona que la vio con vida, con la vida alegre y no a punto de dejarla ir…

Recuerdo de Dani.

Vaya, que torpe es Brenda. Yo le había guardado el móvil y me había olvidado de devolverse. Así que giré en la siguiente curva. Volví hacía el hospital. Aparqué y baje del coche sonriendo, por volverla a ver. Pase a dentro, hablé con la chica de recepción y me dejo pasar. Llegué a su habitación, y no la vi en la cama. La puerta del baño estaba abierta.

—¿Brenda? —La llamé antes de entrar.

Pero…vi lo peor que había visto en mi vida. Ella estaba en la bañera sumergida. El agua estaba roja al completo. La saqué corriendo de ahí, la tendí en el suelo y vi sus muñecas. Los cortes eran muy profundos, y no dejaban de sangrar. Empecé a llorar como un niño pequeño, puede que la conozca de días, pero la quería demasiado. Me gustaba esta chica, no quería que muriese. No, ella merecía vivir. No acaba con su vida de esta forma.

—¡Brenda, Brenda despierta!

Pero sabía que no iba a contestar. Le tomé el pulso, ella estaba muerta. No había pulso. Ella no estaba aquí. Su sonrisa había desaparecido. Todo de ella, sus preciosos ojos. Me levanté y salí de su cuarto.

—¡Ayuda, por favor, ayuda!

Dos médicos de guardia se acercaron a mí, los guié al baño y ellos miraron detenidamente. Sus ojos estaban por saltárseles de la órbita. La tomaron y la llevaron, entre los dos, a su cama. Desde ese momento, bastantes médicos, enfermeros y demás llegaron.

—Por favor, salga de la sala. —Me pidió amablemente una enfermera.
—¿Qué? ¡No!
—Por favor caballero.

Salí por los empujones de los enfermeros. Mire por el cristal. Ella estaba rota y nadie pudo salvarla, nadie más que el suicidio.
——

—¿Ahora está muerta? —Miré a mi madre llorando.
—Anoche lo estaba. Consiguieron reanimarla, pero dicen que es muy poco probable que ella sobreviva. Además perdió al bebé.
—Mamá. —Mi labio tembló— Ella es mi ex novia, la madre de mi hijo, la mujer que amo. —Sollocé.
—Lo siento tanto, pero tanto, tanto… —Me abrazó— Ella parecía muy feliz cuando la conocí. Y tú eres un idiota. —Sollozó— ¿Cómo pudiste hacerle eso? ¿Por qué la dejaste?
—Espero que sobreviva, la necesito tanto. No quiero que muera, mamá. —Contesté— Brenda me ocultó el embarazo…Y no pensé, simplemente me deje llevar… —Tembló mi voz— Mamá, la amo.
—Hijo, tranquilízate. Ella es fuerte.
—Lo sé. Pero también sé que su cuerpo es débil. Demasiado débil.
—Ella se salvará. Verás.

Acarició mi pelo, mientras yo lloraba en su hombro como un niño pequeño que acababa de perder su muñeco más apreciado. En este caso, un chico que había perdido la persona más importante en su vida.

▪Brenda POV.

Miré a todos esos médicos, los cuales estaban atendiendo a una chica pálida. Salí de la habitación, me di cuenta de que atravesé la puerta. Un momento…¿qué significa esto? Miro a mi alrededor. Dani está en el suelo llorando. Me acercó a él corriendo.

—¿Por qué lloras? —Le preguntó, pero él ni me mira— ¡Eo! ¿Dani, por qué no me haces caso?

Me levantó frustrada de intentar que me hablase. Veo a Pattie abrazando a un chico rubio, la pequeña Jazzy está llorando también abrazada al pie del chico. Me acercó, y entonces me doy cuenta de que es Justin. ¿Él conoce a Pattie?

—Hijo, ella estará bien…
—Pero está ahí, muriéndose. —Sollozó.

Ellos son madre e hijo…dios santo. Me pongo a su lado.

—¿Quién se muere? —Pregunto, pero nadie me hace caso de nuevo— ¿¡Por qué nadie ma habla!? —Miró a Jazzy— Ey, princesa. —Pero nada.

De repente, un médico sale de la habitación con la cabeza agachada. Se escucha un largo pitido de fondo. Todos, de Dani a Jazzy, lo miran expectante. Él niega con la cabeza. Los dos chicos rompen en un llanto mayor, Jazzy se abraza a su madre. Veo como Chaz, Cait, Ryan, Abby y Chris llegan corriendo. ¿Por qué todos lloran? Veo como una sensación me invade, y es que ellos, todos, me atraviesan para acercarse al cristal. Me acercó al igual y miró dentro.
Soy yo.
¿Estoy muerta? ¿He muerto?
Los recuerdos de la noche anterior rondan mi cabeza. Me doy cuenta de que sí he muerto, que no estoy con vida. Todos están desconsolados, llorando. Llorando por mí.

—Chicos… —Susurro, pero ahora entiendo que nadie me oye. Soy un simple fantasma.

Ellos miran mi cuerpo tendido en la cama, sin vida. ¡No, les necesito! ¡Quiero vivir! Traspaso el cristal y me acerco a mi cuerpo.

—¡Responde, Brenda, responde! —Me agitó, pero solo traspaso mi cuerpo con las manos— Mierda. —Empiezo a llorar de la impotencia— Debo despertar. ¡Debo despertar!

▪Justin POV.

De repente, cuando todos miramos como los médicos salen de la habitación con la cabeza agachada, el cuerpo de Brenda se arquea de repente.  Los médicos dan la vuelta y entran de nuevo dentro.

—¿Qué pasa? —Pregunta un chico rubio.
—No lo sé. —Contesta mi madre.
—Por favor, Brenda vuelve… —Dice él.
—Tranquilo, Dani. —Mi madre lo abraza.
—Ella decía que todos la odiaban, que su novio la había dejado, que su vida era una mentira…por lo menos la vi sonreír antes de perderla. —Lloró.
—No la odiábamos. —Dijo Cait— Estábamos molestos.
—Ella no lo creyó así, chica…
—¿Se suicidó por nuestra culpa? —Chaz nos señalo.
—No lo sé. —Nos miró— ¿Sois sus amigos?
—Sí.
—Vaya…lo siento, ella no paraba de llorar en estos días recordándolos…
—Me siento terrible sabiendo que es mi culpa. —Abby se abrazó a Chaz llorando.


Ella se fue, por nuestra culpa. Se fue y ahora, ¿qué hago? La amo, con mi vida, mi alma, mi corazón. Esa chica era mi puta adicción y ya está en el otro barrio.